miércoles, 19 de diciembre de 2012

Un click puede cambiar tu vida

Sin duda, una de las cosas que nos permite la informática es realizar cualquier actividad con apenas unos clicks en unos segundos, pero ¿alguna vez te has parado a pensar lo que puede cambiar tu vida dependiendo de la decisión que tomes cuando tienes el dedo encima del botón izquierdo de ese periférico? 

Seguramente sí, o no, pero pulsar ese botón puede ser un mero trámite que nuestra actividad diaria, para leer un artículo sin importancia sobre el último reality de Telecinco, para ver online un serie desde una página que sabemos que es ilegal y de cuyo acto sólo nos preocuparemos cuando alguien de nuestro entorno nos confirme que ha sido multado por ello, para publicar en el Facebook las fotos de tu último viaje o de la fiesta de anoche, o en mi casa para publicar un simple artículo en este humilde blog. 

Pero no siempre es así, en muchas ocasiones esta sencilla acción puede tener consecuencias que jamás imaginaríamos, no hablo ya del típico mensaje privado en una red social que mandas a las tantas de la mañana, cosa que también haces con el móvil por SMS, y del que te estás arrepintiendo indefinidamente, o de una compra de importante suma de dinero mediante un TPV que ni si quiera sabes si es de confianza, Sino más bien de aquellos que suponen un cambio en tu vida, aquellos que se refieren a temas realmente importantes. 


Un click puede hacer que entres en una dinámica de juegos online bastante peligrosa y que te conviertas en adicto en tan solo unos segundos, puedes ganar mucho pero sobretodo, puedes perderlo todo. Puede hacer que te dejes influenciar por palabrería barata dedicada a comerte la cabeza con alguna ideología sectaria. O incluso puede que te haga vender o comprar una casa, un coche o una finca. Puede que te haga cambiar de trabajo y lo más importante, puede que te haga cambiar de vida. 

Por eso hay que recordar que en estos casos no sueles tener la posibilidad de deshacer, o en el argot informático, “hacer un Control+Z”, debes ser perfectamente consciente de lo que haces y no dejarte llevar por arrebatos momentáneos, sean cuales sean, y estén o no justificados.

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